Las harpias

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HARPÍAS

       Estos genios alados eran hijas de Taumante- a su vez hijo de Ponto (el Mar) y Gea (la Tierra)- y de Electra, hija de Océano; hermana suya era Iris, la mensajera de los dioses. Pertenecen por tanto a la generación divina preolímpica, como las erinias.
       Son, como las sirenas, monstruos femeninos híbridos, mitad mujer mitad aves, provistas de agudas garras. Se suelen mencionar dos: Aelo, "viento tempestuoso" y Ocípite, "vuelo veloz", aunque a veces se menciona una tercera, Celeno, "nube tormentosa". Su morada en las islas Estrófades, en el mar Egeo. Temibles raptoras de almas y niños- de ahí su nombre-, se las representa a veces sobre las tumbas, apoderándose del espíritu del muerto y llevándoselo en sus garras.
       La leyenda en al que desempeñan el papel más destacado es la del rey Fineo, a quien los Argonautas liberaron de la persecución de estos monstruos. En efecto, cuando Jasón y sus compañeros hicieron escala en Tracia, encontraron a su rey bajo el peso de una terrible maldición: Fineo, que era adivino, había osado penetrar ciertos secretos y Zeus, para castigar su atrevimiento, no solo le había dejado ciego sino que además había ordenado a las Harpías que le acosaran sin piedad, de tal modo que cada vez que el rey intentaba alimentarse estas se lanzasen sobre sus viandas y se las arrebataban o bien las ensuciaban con sus excrementos. Fueron los dos hijos de Bóreas, Calais y Zetes, miembros de la expedición, quienes consiguieron expulsar definitivamente a los monstruos, librándole de la maldición. En agradecimiento, el rey reveló a los Argonautas cómo proseguir su periplo.
       Por último, una tradición refiere que las harpías, unidas al dios-viento Céfiro, habrían engendrado a los dos caballos divinos de Aquiles y a los de los Dioscuros, Cástor y Pólux, reputados por ser tan rápidos como el viento.


Lengua

       En la lengua española existen dos ortografías distintas para esta palabra: arpías y Harpías, aunque suele preferirse el uso de la primera forma. El nombre genérico de estos monstruos míticos, utilizado en singular como nombre común, arpía, designa en sentido figurado a una persona de carácter desabrido, malvado y rapaz y debe relacionarse con otros nombres comunes del mismo registro procedentes de la mitología como, furia o hidra. Resulta curioso observar que todos ellos han dado lugar a formaciones expresivas del tipo ponerse como una. (arpía, furia, hidra), que son prácticamente sinónimas y significan enfadarse de forma violenta, con la diferencia de que la expresión ser una arpía se aplica exclusivamente a las mujeres.
       Por otra parte, el término arpía, como el de furia, designa también a un género de murciélagos.

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